Activismo ciudadano como Estrategia de comunicación: cómo movilizar para transformar la sociedad
- Grupo Sombrero Verde

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Por: Yadira Tarazona Guerra - 30/03/2026
Evolución del activismo: de la confrontación a la acción pacífica
Las crisis sociales en el mundo se han traducido en miseria, pobreza, deshumanización e indolencia de los grandes poderes. Frente a ello, la indignación de la ciudadanía ha dado paso a luchas y movimientos sociales que, en muchos casos, han derivado en escenarios de violencia con un alto costo de vidas humanas.
Sin embargo, en un proceso evolutivo, estas acciones han encontrado formas más pacíficas de manifestación, incorporando mensajes de paz y rechazo frente a la desigualdad y la vulneración de derechos.
El 1930 en la India, un líder transformó la manera de expresar la protesta. Mahatma Gandhi, caminó más de 300 km en un acto de desobediencia contra el monopolio británico, que prohibía a la población producir y vender sal, obligándola a comprarla. Este hecho conocido como “La Marcha de la sal”, consistió en que Gandhi y sus seguidores extrajeran sal del agua de mar como acto de resistencia, convirtiéndose en un hito clave hacia la independencia del pueblo hindú.
Décadas después, entre 1987 y 1991, surgió una de las formas más simbólicas de protesta: “Cantando”. Los países bálticos utilizaron el canto masivo y la unión ciudadana para lograr su independencia de la Unión Soviética, en lo que se conoce como la “Revolución Cantada”.
Por su parte, en 1974, Portugal protagonizó la “Revolución de los Claveles”, que puso fin a la dictadura del Estado Novo. Este movimiento se inició con la emisión de la canción prohibida Grândola, Vila Morena, utilizada como señal de estrategia para coordinar a los militares. La población se sumó colocando claveles en los fusiles de los soldados, en un levantamiento cívico-militar que logró derrocar la dictadura sin disparos.
Fuente: Video de YouTube por En Clave Iberista, “Grândola, Vila Morena”.
Tecnología y creatividad: nuevas formas de activismo
En un contexto más reciente, el activismo ha incorporado nuevas formas creativas y tecnológicas. Un ejemplo es el colectivo artístico anónimo que instaló la estatua dorada titulada “King of the World”, representando a Donald Trump y Jeffrey Epstein en alusión a la icónica película Titanic. Asimismo, el “Paseo de la vergüenza”, inspirado en el “Paseo de la Fama de Hollywood”, buscó denunciar los vínculos de figuras públicas con redes de tráfico sexual. Esta intervención incluyó códigos QR impresos en las estrellas, que dirigían a información relevante, evidenciando el uso estratégico de herramientas digitales en el activismo contemporáneo.
Estas formas de manifestación se han consolidado como canales de comunicación altamente eficientes en contextos sociales complejos. El activismo ciudadano no solo constituye una herramienta política de las nuevas generaciones, sino también un especio donde el ingenio, la creatividad y el arte se convierten en motores de cambio social, respondiendo directamente a demandas ciudadanas.
Un aspecto clave en esta evolución es la incorporación de la tecnología. El uso de código QR, teléfonos inteligentes y redes como TikTok, Instagram, X, Facebook o WhatsApp permite desarrollar campañas digitales, difundir mensajes y organizar acciones en tiempo real. A través de creadores de contenido, se moviliza a la ciudadanía de manera ágil. No obstante, estos contenidos suelen carecer de una estructural formal, ya que responden de forma dinámica a la interacción con sus audiencias, s no suelen ser estructurados estos responden a las demandas recogidas de la interacción con sus creadores como sucedió en la “Generación Z”.

El activismo como estrategia de comunicación
El activismo, en sus diversos formatos, también es una estrategia de comunicación utilizada por los planificadores de campañas que buscan sensibilizar y educar. Puede integrarse con herramientas de marketing, gestión de redes sociales o relación con medios. Es especialmente empleado por organizaciones e instituciones que impulsan proyectos sociales o ambientales, con el objetivo de generar cambios de comportamiento o incorporar sus demandas en la agenda pública.
En contraste, los gobiernos responsables de atender estas demandas suelen enfrentar tensiones, ya que muchas de estas iniciativas resultan incómodas para su reputación.
El impacto del activismo radica en su capacidad de movilizar a ciudadanos conscientes y alcanzar visibilidad global gracias a las redes sociales. Esto permite que las demandas sociales dejen huella histórica, evitando que, como el pasado, pasen desapercibidas por falta de visibilidad y una difusión más global.
En resumen, el activismo se configura como una estrategia de movilización social centrada en la sensibilización, la educación y la acción colectiva. Su propósito es cuestionar valores que representan rechazo y promover alternativas basadas en la justicia, la igualdad y los derechos humanos. Integrar el activismo dentro de las estrategias de comunicación en campañas sociales permite lograr impactos medibles y contribuir al cambio social desde la participación ciudadana.



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